domingo, 26 de mayo de 2013

La rosa dorada.


2 min lectura : La rosa dorada


Termino de cenar, tomo mi café y me quedo contemplando el cuadro que tengo frente a mí: lo dejaron dentro de un río, durante un año, para que la naturaleza le diese el retoque final al trabajo de la pintora.

La mitad de la pintura se la llevaron las aguas y la intemperie, por lo que los bordes quedaron irregulares. De todas maneras, aún consigo ver parte de la bella rosa roja, sobre un fondo dorado. Conozco a la artista. Recuerdo que en 2003, cuando fuimos juntos a cierto bosque de los Pirineos, descubrimos el riachuelo, que entonces estaba seco, y escondimos la tela bajo las piedras que cubrían el lecho.

Conozco a la artista: Christina Oiticica. En este momento se encuentra físicamente a 8.000 kilómetros de distancia, a la vez, su presencia está en todo lo que me rodea. Eso me alegra: a pesar de que llevamos 29 años casados, el amor es más intenso que nunca. Jamás pensé que pudiera ocurrir algo así: venía de tres relaciones que no habían ido bien y estaba convencido de que el amor eterno no existe, hasta que apareció ella –una tarde de Navidad–, como un regalo enviado por un ángel.
Fuimos al cine.
Hicimos el amor aquel mismo día.
Yo me dije a mí mismo: «Esto no va a durar mucho». Durante los dos primeros años estaba siempre preparado para que cualquiera de los dos lo dejase. Durante los cinco años siguientes seguía pensando que apenas nos habíamos acomodado, pero que en breve cada cual seguiría su destino. Me había convencido a mí mismo de que ningún compromiso algo más serio me privaría de mi `libertad´ ni me impediría vivir todo lo que deseaba. Veintinueve años después sigo siendo libre –porque descubrí que el amor jamás esclaviza al ser humano. Soy libre para girar la cabeza y verla durmiendo a mi lado–, ésa es la foto que tengo en mi teléfono móvil. Soy libre para salir con ella, para pasear con ella, y continuar charlando, conversando –y eventualmente discutiendo, como siempre–. Soy libre para amar como nunca amé antes, y esto ha llegado a ser algo esencial en mi vida.

Volvamos al cuadro y al río. Era el verano de 2002, yo ya era un escritor conocido, tenía dinero, pero consideraba que mis valores básicos no habían cambiado. Ahora bien, ¿cómo estar absolutamente seguro? Realizando una prueba. Alquilamos un pequeño cuarto en un hotel de dos estrellas en Francia, donde comenzamos a pasar cinco meses al año. El armario no podía crecer, así que teníamos que limitar nuestras ropas. Recorríamos los bosques, cenábamos fuera, nos pasábamos las horas conversando, íbamos al cine a diario. La simplicidad nos confirmó que las cosas más sofisticadas del mundo son justamente las que quedan al alcance de todos. Para mi trabajo, todo lo que necesitaba era un ordenador portátil.
Resulta que mi mujer es… pintora.

Y los pintores necesitan enormes talleres para producir y guardar sus trabajos. No quería que de ninguna manera sacrificase su vocación por mí, así que me propuse alquilar un local. No obstante, mirando a su alrededor, viendo las montañas, los valles, los ríos, los lagos, los bosques, ella pensó: «¿Por qué no trabajo aquí? ¿Y por qué no permito que la naturaleza trabaje conmigo?». De ahí vino la idea de `almacenar´ las telas al aire libre. Yo llevaba el portátil y me pasaba el tiempo escribiendo. Ella se arrodillaba en la hierba y pintaba. Un año después, cuando retiramos las primeras telas, el resultado era original y magnífico.

Vivimos en aquel pequeño hotel dos años inolvidables. Ella siguió enterrando sus telas, ya no por necesidad, sino por haber descubierto una nueva técnica. Amazonia, Bombay, Camino de Santiago, Liubliana, Miami. Hoy se encuentra lejos, pero mañana, o la semana que viene, estará cerca. Durmiendo a mi lado. Contenta, porque su trabajo comienza a tener reconocimiento en todo el mundo.

En este momento, tan sólo miro la rosa. Y le doy las gracias al ángel que me hizo dos regalos en aquellas Navidades de 1979: la capacidad de abrir mi propio corazón y la persona apropiada para acogerlo..,,(Paulo Coelho)


domingo, 12 de mayo de 2013

El arte de descubrir buenas oportunidades



“Un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos. Un día el caballo se escapó a las montañas. Cuando los vecinos le dijeron: ¡Qué mala suerte!, él preguntó: ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?… Una semana después el animal volvió trayendo consigo una manada de caballos salvajes. Entonces los vecinos le felicitaron por su buena suerte y él repitió: ¿Buena suerte, mala suerte? ¿Quién sabe?… Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de estos caballos, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo comentó que era una desgracia. El pastor se limitó a decir: ¿Buena suerte, mala suerte? ¿Quién sabe?… Pasados unos días, reclutaron a todos lo jóvenes del pueblo, menos al hijo del labrador.
¡Muchas veces aquello que a primera vista parece un contratiempo, puede generarnos un bien!
Hay personas que piensan que tienen mala suerte porque no consiguen lo que desean o lo que buscan en un momento dado. Piensan que hay otros que sí tienen la suerte y que por esta razón son más prósperos y felices que ellos. ¿Será esto cierto? ¿ Que crees tú? La mayor parte de los acontecimientos que nos suceden dependen de nuestra actitud mental y de nuestra disposición ante la vida. Cuántas veces has atravesado por situaciones verdaderamente difíciles que te negaste a aceptar, para descubrir más tarde que fue lo mejor que te pudo pasar…

Definitivamente las personas optimistas, que convierten todas las situaciones en una oportunidad, tienen la tendencia a alcanzar mas éxitos que los que se sienten fracasados y ven su vida de una forma pesimista. Tenemos el poder de decidir, cada vez que llegamos a un cruce de caminos, qué dirección tomar. Dependerá de nuestra actitud, de nuestras creencias y de la información que tengamos, el que tomemos una decisión u otra. Pero lo cierto, es que la persona optimista siempre mirará hacia el futuro con esperanza y buen humor, mientras que una persona con un pasado negativo a cuestas, pensará que su vida está condenada al fracaso.
Algunas personas cuentan sus penurias y tristezas con una mezcla de dolor y placer. Tal vez descubrieron que de esta manera pueden llamar la atención de los demás y esto los llena de alegría. Aunque parezca extraño es una forma de ser importante.
Cuando las cosas funcionan, es porque se han combinado una actitud correcta, la probabilidad, el sentido de la oportunidad, el haberse preparado y estar en el lugar correcto en el momento exacto. Así es que podemos aprender a manejar todo lo que esté a nuestro alcance para tener suerte.




Cómo traer fortuna a tu vida

Piensa positivamente. Si piensas que todo te saldrá mal, así será. Reprograma tu mente con pensamientos positivos. Comienza a repetir muchas veces mentalmente: “Lo voy a conseguir”, “Esta vez todo saldrá muy bien”. Recuerda repetirlo con la certeza de conseguirlo.

Aprende de tus errores. Cometer un error es bueno si puedes aprender algo de ello. Ten claros tus objetivos y planifica y trabaja para no tropezar 
con la misma piedra otra vez.

Deja el pasado atrás. Deja de concentrarte en todo lo malo que te sucedió. Ya no le des más vuelta a lo que pudiste hacer que no hiciste en ese momento. Vive el presente y piensa que no tiene por qué volverte a suceder.

Toma las buenas oportunidades. Es importante que decidas asumir el riesgo de tomar las oportunidades en el momento en que se presentan. Generalmente suelen pasar muy de prisa. Evita postergar la toma de decisiones y asume el desafió que la vida te presenta en ese momento.

Planta la semilla de la suerte en tu hijo. Recuerda que los niños copian lo que ven, por eso tu ejemplo es muy importante en el proceso. Cuida las críticas que les haces a tus hijos, recuerda hacer el comentario siempre hacia el hecho en sí y no hacia su personalidad. Refuerza la idea de que la suerte depende en gran medida de la responsabilidad.

Visualiza tu vida siendo feliz. Imagina la vida que quieres llevar como si ya la estuvieras viviendo. La visualización creativa te ayuda a concentrar tu energía para cumplir tu sueño.

Evita sabotearte mentalmente. Las personas dicen que quieren triunfar y ser felices, pero postergan sus decisiones; hablan, pero no pasan a la acción, esperan por el momento perfecto que nunca llega, se ponen excusas para rechazar oportunidades tal vez porque tienen miedo… vivimos en una constante espera. Deja de esperar y comienza a actuar. Confía en el proceso de la vida y en el tiempo que toma a todos los eventos manifestarse. Confía en que tú puedes hacerlo y ¡adelante!......


(Vía web)